Cuantas veces se nos llena la boca en los colegios al hablar de la excelencia educativa y del talento, pues bien, este fin último no deja de ser un propósito inmejorable y común al mundo de la educación, pero el problema está en dos sentidos:

1.- El perfil de alumnado a quien se refiere no puede ser ni discriminatorio ni elitista, todo el alumnado tiene el derecho y las condiciones para poder acceder a dichos fines. La búsqueda de la excelencia debe atender a la diversidad y a los diferentes talentos que tienen cada uno de nuestros estudiantes, de forma individual y personalizada. Siempre partiendo de sus propias capacidades y habilidades para mejorar en ellas.

2.- El proceso para alcanzar esos aprendizajes significativos debe adaptarse y diseñarse según los perfiles y multiniveles individuales de nuestro alumnado siempre entendiéndolo como una meta competencial que le prepare para una sociedad compleja, cambiante y llena de incertidumbres. Por todo ello este proceso debe ser realista con las necesidades personales y sociales pero lleno de ilusión, alegría y pasión mediante el juego y la investigación desde la fuerza del trabajo en equipo, aunque con el valor propio.

Una Escuela transformadora debe contemplar un proceso colectivo de liderazgo donde estudiantes, familias y trabajadores sean motor y señal de referencia y donde el entorno, institucional y privado, acompañe y colabore con ellos. Para alcanzar esa transformación educativa tan ambiciosa debemos hacer una referencia a aquellas personas con talentos especiales y con capacidad de esfuerzo y sacrificio para poder ser referentes de este cambio, en todos los ámbitos mencionados. Esas personas deben liderar estos procesos de creatividad, innovación, liderazgo empresarial desde valores de justicia y bien común para alcanzar el éxito como sociedad.

En lo que compete al alumnado, todos, deben tener el espacio, el tiempo y las herramientas necesarias para convertirse en verdaderos agentes de cambio. Solo así será posible avanzar hacia formas de vida más democráticas, más justas y más equitativas.

Solo si transformamos la educación desde estos principios lograremos también el cambio social que tanto necesitamos en estos tiempos inciertos.

Jose Canales, Director de Escuela IDEO

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